



La fiebre de la Eurocopa 2008 también ha llegado a tierras inglesas. Prueba de ello son los miles de españoles que se lanzaron a la capital inglesa a ritmo de "¡Campeones, campeones!".
Horas antes del partido era inevitable cruzarse con algún cartel que anunciara the eurocup final junto con el dibujo de una pinta, y esta vez jugaba España. Alemanes y españoles se distinguían con los colores de sus respectivos equipos; caras pintadas, banderas ondeadas, incluso algún que otro coche inglés desgañitando un "¡Podemos!".
Algunas colonias españolas organizaron fiestas con pantallas gigantes y barras a modo de verbena española donde estuvieron presentes productos como la cerveza San Miguel, la sangría o un marqués de Cáceres. Con tanto español caracterizado con la selección parecía que estábamos por un momento en España si no fuera porque junto a estos productos nombraban las Soft drinks, Black label o Vermouth y porque en Londres no existen los precios populares.
Los aficionados empezaron el partido tan nerviosos como la selección, por un momento y después de 44 años volvimos a vivir la magia de una final de Europa lejos de nuestra tierra.
Los jugadores sabían lo que tenían que hacer y aguantaron la extraordinaria forma física de los alemanes. Se vivieron momentos de alta tensión, pero por una vez (y sin ninguna duda) encontramos una selección hábil que hablaba de fútbol, lejos de los desesperados empujones de los alemanes contra un 11, con mucha sed de victoria.
Después del gran pase de Xavi Hernández y gol de torres aumentó la tensión de los aficionados al mismo tiempo que aumentaba también la esperanza de alcanzar la copa.
Se terminaba el primer tiempo y entre gritos de "¡A por ellos, oe!", nos sumergimos de nuevo en el mismo campo de Ernst Happel de Viena si no fuese porque en el descanso una ambulancia inglesa de un vivo color amarillo que velaba por los allí presentes, recordaba a los aficionados desde donde estaban viendo aquel partido insólito.
La segunda parte no fue menos emocionante por los sucesivos intentos alemanes de acercarse a la portería de Casillas, y junto con una lúcida y flamante defensa española, cada minuto se vivía con intensidad, más aún cuando España contraatacaba.
A gritos de ¡yo soy español! Iban pasando los últimos minutos hasta que Rosetti pitó el final del inolvidable encuentro.
Fue entonces cuando el equipo de sonido instalado para aquella insólita ocasión sonó con el himno de España al tiempo que los cientos de aficionados congregados se abrazaban y con la poca voz que les quedaba, se decían ¡lo conseguimos!
La fiesta no hizo más que empezar y los españoles tomaron las calles londinenses con orgullo entre miles de británicos asombrados por la marea roja que invadía las plazas.
Picadilly fue el centro elegido para la celebración, donde pudieron verse cerca de 3000 aficionados entre otros tantos que circundaban alrededor de la gran ciudad.
Aragonés se marcha batiendo records históricos de audiencia, celebraciones y de emociones. Incluso los ingleses, alemanes y personas de otras nacionalidades felicitaban a los españoles cuando se cruzaban por la calle.
Si, en Londres también se sufrió.
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