
Japonesa residente en España desde hace más de 15 años, Kaoru Katayama es una artista polifacética, que explora en su obra cuestiones relacionadas con la multiculturalidad y la comunicación. La galería Tomás March acoge hasta diciembre la exposición “Te quiero mucho”, en la que Kaoru analiza temas relativos a la inestabilidad cultural.
Estamos en la era de las comunicaciones, sin embargo en su obra insiste sobre la incomunicación.
A mi me interesa tanto la comunicación como la incomunicación, dos caras del mismo concepto. Me interesa observar aspectos del comportamiento y de las actividades humanas. Existen muchas formas de comunicación: gestual, verbal, etc. Es sobre ésto que se construye mi investigación, no sólo a través de las palabras. De todos modos, la era de las comunicaciones está provocando muchos problemas de incomunicación, y al mismo tiempo la tecnología permite una comunicación a pesar de la distancia física.
¿Por qué apuesta por la vídeoperformance?
La vídeoperformance es el formato que más utilizo para analizar temas relativos a la inestabilidad cultural, aunque trabajo en otros soportes como dibujo, fotografía y escultura. El registro de situaciones de tipo performativo me permite hacer visible el choque cultural a través de los diferentes estados de confusión, desánimo o adaptación, porque en cualquier tipo de grabación (vídeo, film, sonoro) existe un recorrido de tiempo.
De un discurso personal sobre su condición de extranjera en España ha pasado a investigar temas más generales, como la incomunicación en nuestra sociedad o la globalización.
Según la teoría de las cuatro etapas de los síntomas del choque cultural de Kalervo Oberg, en una primera fase se recibe todo lo nuevo como estupendo. Luego viene el rechazo. Después hay un período de negociación en el que se trabaja para resolver las diferencias culturales. Finalmente viene la aceptación, cuando nos damos cuenta de que hay cosas buenas y malas en la cultura. En fin, creo que ya estoy en la última etapa.
En tres vídeos expuestos en la galería Tomás March tiene protagonismo la música, como clave de interpretación del vídeo y solución de los conflictos culturales y comunicativos.
Creo que las dificultades lingüísticas que tuve en los primeros años en España me hicieron desarrollar esa sensibilidad, aunque la música ya estaba desde mi infancia, ya que mi madre era profesora de música. Además, considero la danza un verdadero lenguaje corporal, por eso me interesa más en cuestiones de comunicación y diálogo. De hecho las personas que aparecen en mis vídeos no son profesionales de la danza o el cante. Eso dota sus acciones de naturalidad.
De hecho la música y su repetición sincopada era la clave del más conocido de sus vídeos en España, Tecnocharro, que causó sensación en ARCO de 2006. Tecnocharro habla de lo que se genera a través del choque, en este caso, entre ritmos.
Un grupo de bailarines tradicionales de Salamanca bailan al son de una sesión de música tecno a la vez que intentan mantener los ritmos y pasos originales, Los participantes experimentaron ese proceso de adaptación en directo, desorientados, pero muy satisfechos. Se observa el poder del cruce de diálogos.
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