

¿Cuando le nombraron, imaginaba que iba a ser el presidente de la crisis?
Vengo avisando desde hace más de dos años que nos íbamos a encontrar con un problema, porque era evidente que aquello no podía continuar. Lo que nos ha sorprendido a todos es la rapidez y la intensidad.
¿En qué cambia su cargo en un momento así?
Creo que no cambia en nada, lo que pasa es que da más trabajo, y desde este puesto hay que mandar a los empresarios en cada momento el mensaje que toca. Nuestra función es un poco de guía, de decir qué es lo que más conviene hacer y cómo hacerlo. Ahora, básicamente, lo que hago es mandar ánimos, porque los desánimos ya me vienen todos los días y no hace falta que los rebote. Estamos con muchas dificultades y el 2009 será peor, pero en cualquier caso es una crisis que la tenemos que pasar.
¿Ustedes tienen recetas para paliarla o amortiguarla?
Para eliminarla no las hay. El gran origen son las dificultades de financiación internacional, y resolverlas está fuera del alcance de nuestras posibilidades. Lo que tenemos que hacer es ni añadir a esas dificultades, que son objetivas, algo que estamos añadiendo gratuitamente, la falta de confianza en nosotros mismos. La gente se empeña en ver las cosas peor de lo que son realmente. Es una crisis distinta a las demás, pero estoy seguro de que saldremos. Lo que debemos hacer ahora es sobrevivir, pasar el desierto y prepararse para cuando salgamos. Habrá empresas que saldrán reforzadas, empresas que saldrán, y otras morirán en el camino.
¿La grandeza de un empresario se muestra más en tiempos de crisis?
En tiempos de crisis la grandeza consiste en aguantar, mantener el tipo y hacer lo necesario para que la empresa sobreviva e incluso se refuerce, y en tiempos de no crisis la grandeza a veces es simplemente no dejarse arrastrar por la euforia y no cometer excesos. Eso es difícil cuando hay bonanza, porque se aplauden cosas que no se deberían aplaudir.
¿Qué es lo que se ha hecho mal?Muchas cosas, se han cometido muchos excesos. Se instalo una especie de principio de que las cosas sólo podían ir mejor, lo cual es una bobada inmensa. Hasta en la Biblia están los siete años de las vacas gordas y los siete años de las vacas flacas, y desde entonces no ha parado de haber crisis. Esos excesos se pagan tarde o temprano, y los estamos pagando.
¿Qué es lo que más falta hace ahora?
En este momento hacen falta dos cosas: liquidez y confianza, pero están interrelacionadas. Si empieza a haber más liquidez- nunca va volver a haber la que había- se generará más confianza. Creo que va a llegar, aunque no toda la necesaria. Me preocupa que esos cien mil millones de euros en avales que se prometieron, al igual que en el resto de países occidentales, lleguen de verdad, a tiempo y cuanto antes. Ya tenían que haber llegado. Tenemos el decreto Ley pero no tenemos el reglamento todavía. Las empresas son como las personas: nacen, crecen y se mueren. El problema no es que se muera un señor muy mayor, es que se mueran empresas que no tendrían por qué morirse, que cierren las puertas porque no tienen la liquidez necesaria para pagar las nóminas a fin de mes o a sus proveedores.
¿Confiamos demasiado en los economistas?
Tradicionalmente los economistas hacen análisis brillantes de lo que ha pasado, pero también ha habido muchos que decían: cuidado con lo que estamos haciendo que vendrán más duras. He dicho un montón de veces que estábamos equivocándonos al darle demasiado peso al sector inmobiliario y mucho menos al sector industrial. Desgraciadamente he tenido razón.
¿Usted tiene un plan para sustituir sector inmobiliario por industria y servicios?
Nunca existen planes, es el mercado el que juega, las iniciativas de las personas, pero se pueden hacer políticas que faciliten ese tránsito hacia un sector industrial moderno y a un sector de servicios avanzados. Desde los gobiernos y las organizaciones empresariales se pueden dar pistas, indicaciones…, pero el negocio lo tienen que hacer los empresarios y los trabajadores. Hemos de intensificar algo que no es tangible, que los resultados no se ven a corto plazo: la inversión en recursos humanos. Las empresas no exportan, ni se internacionalizan, ni innovan, eso lo hace la gente. Hay invertir en formación, incluso en estos tiempos de coger la tijera para quitar gastos superfluos, pero no en eso. Si tenemos fe en que salimos de esta, y vamos a salir, la formación es un factor fundamental.
¿Malos tiempos para las vocaciones empresariales?
No son los mejores, pero las vocaciones empresariales volverán a salir, algunas de ellas forzadas. La gente se queda sin trabajo y agudiza el ingenio.
¿Los chinos ya no son los malos?
Nunca he pensado que los chinos sean los malos. Los chinos son muy competitivos en algunas cosas y muy poco competitivos en otras. Lo que ahora hacen los chinos nosotros lo hicimos hace treinta años, y no porque fuéramos malos. Buscarse la vida no es ser malo, es remar.
¿Cómo son con el poder político?
Deben estar basadas en la colaboración. Nosotros necesitamos a los poderes políticos y los poderes políticos nos necesitan a nosotros, pero cooperación es una cosa y dependencia otra. Las relaciones deben basarse en la independencia, y desde la independencia toda la colaboración que haga falta.
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