

Es también el momento de sorprender los escarceos amorosos de las cabras montesas, los animales que han dado nombre a uno de los ríos más limpios de las tierras valencianas y principal afluente, casi de igual a igual, del Júcar.
Tampoco hay que desesperarse si se nos pasa el otoño sin haber encontrado la ocasión de acercarse al mayor y más salvaje de los parques naturales valencianos. En invierno lo podemos encontrar nevado, en primavera rebosa de flores, y el verano permite recorrerlo a lomos de una barca neumática. En cualquier caso, el punto de referencia para cualquier visita es la población de Venta del Moro. Allí está la casa del parque y las empresas donde contratar el rafting, alquilar bicicletas o pedir la ayuda de un guía. También es el punto de arranque de las pistas forestales que nos permitirán acercarnos unos buenos kilometros al río para después continuar a pie.
Porque hasta el río hay que llegar. El resto del parque es extraordinario, pero el Cabriel es la columna vertebral y el responsable de sus mayores bellezas. Cerca de la presa de Contreras se ha abierto paso entre los Cuchillos, losas verticales de varios centenares de metros de altura. A partir de ahí ha esculpido las Hoces propiamente dichas, grandes meandros tallados en la piedra viva que, en ocasiones, casi dan una vuelta completa, como si el río se hubiera arrepentido de encaminarse hacia la mar y quisiera volver atrás. Hay más de una docena y todas de gran belleza pero, en la coyuntura de elegir, las más espectaculares son la del Purgatorio y la de Vicente, a las que se accede sin dificultad por el sendero PR-CV 344.
Es imposible hacerse una idea global de este enorme parque – más de 31.000 hectáreas – en un solo día. Aparte de las Hoces y de los Cuchillos, este paraje ofrece atractivos como sus aldeas prácticamente abandonadas y las antiguas masias, rodeadas de majestuosos robles. El puente de Vadocañas, construido el siglo XVI sobre las ruinas de otro romano, es el paso más antiguo entre la Comunitat y la Meseta. A partir de él, se tranquiliza y se endereza el Cabriel hasta unirse al Júcar en Cofrentes, pero antes pasa por la aldea de Casas del Río, donde se conserva en pleno funcionamiento una noria descomunal. Todo el paraje está agrietado por pequeños afluentes de aguas cristalinas donde pululan anfibios y tortugas prácticamente inencontrables en ningún otro paraje valenciano. Hay también una gran abundancia de yacimientos arqueológicos y paleontológicos. Y, por encima de nuestras cabezas, vuela una importantísima población de rapaces que incluye águilas reales, culebreras, calzadas y perdiceras.
Qué ver en noviembre
Es el gran mes de la hoja caduca, un tipo de bosque que no es muy abundante en la Comunitat Valenciana pero de la que todavía quedan magníficos reductos. Si hubiera que elegir un solo lugar, ese sería el parque natural de la Font Roja, en Alcoi, por la gran variedad de especies en un espacio de fácil acceso. Pero el color rojo de los arces suele ser aún más vivo en la Tinença de Benifassà, donde además podremos ver el dorado de las hayas en el paraje del Retaule. En la Muela de Cortes, con silencio, paciencia y suerte, podremos sorprender a los cérvidos en el momento de la berrea.
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