


A la labor de defensa, formación e información de los profesionales, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia ha sumado su movilización a favor del llamado “Modelo mediterráneo de farmacia”, basado en la proximidad, en la accesibilidad, en el asesoramiento al paciente, frente a otros modelos que en opinión de su presidente, Javier Climent, representan un liberalismo feroz y la primacía del negocio frente a cualquier otro aspecto.
¿De momento han ahuyentado ustedes la implantación del liberalismo farmacéutico?
El colectivo farmacéutico está viviendo momentos muy especiales e importantes en cuanto a la regulación de la profesión. Representantes de España, Francia, Italia, Portugal...todos aquellos países que conforman lo que se llaman “modelo mediterráneo de farmacia” lo hemos defendido en Bruselas y parece que nuestras tesis están saliendo a flote. Diversos informes están diciendo que es el modelo más europeo y más adecuado a las necesidades de los ciudadanos, porque tienes muchas farmacias, muy cercanas al ciudadano, y toda la regulación, tanto de precios de medicamentos como de actuación profesional, se hace para beneficiar y para hacer accesible el medicamento al paciente
¿Cuál era la alternativa?
Un modelo de liberalismo feroz que de alguna manera está convirtiendo a Europa en un terreno abonado para las grandes empresas multinacionales, un modelo donde el medicamento está allí donde es negocio, sea cerca o lejos de quien lo necesita. Pero ha habido un cambio, y los tribunales, eurodiputados y miembros de la Comisión Europea, están defendiendo lo que llamamos modelo mediterráneo de farmacia, y que pensamos que de alguna manera tuvo su origen en valencia. Es el modelo de la proximidad, para que el medicamento esté cerca del paciente que lo necesite con una información que el farmacéutico asegura y garantiza.
¿La aportación del colegio de Valencia ha sido especialmente significativa?
Hemos hecho un trabajo muy ilustrativo con la elaboración del documento “Media de habitantes por farmacia. Una imagen vale más que mil palabras”. El medicamento requiere un profesional que decida que tiene que estar ahí, y ese profesional es la garantía de que va a poder usarlo con eficacia, porque además de entregárselo le da información, asesoramiento, está a sus disposición, sin sobrecoste, a través de servicios de urgencias de 24 horas al día.
¿Puede decirse que tenemos las farmacias justas y necesarias?
En Valencia y en la Comunidad Valenciana se abren nuevas farmacias todos los años en función del crecimiento demográfico o del crecimiento turístico. En este momento hay en Valencia ciudad una farmacia cada 1600 habitantes. Las nuevas autorizaciones se obtienen a través de un concurso público. Los farmacéuticos que quieren optar se presentan, tienen puntos y un examen, pero hay una puntuación extra para aquellos que estén en pueblos de menos de 800 habitantes.
¿Está superada la imagen del farmacéutico como mero expendedor de medicamentos?
Esa imagen no es real. Hemos hecho estudios que ponen de manifiesto que la población tiene gran confianza en su farmacéutico de barrio, en esa farmacia a la que acudes siempre. Mucha gente entra con la receta de su médico y pregunta al farmacéutico si lo que le han recetado es buen para él. Necesita la confirmación del farmacéutico. La farmacia es un lugar donde hay tiempo, donde se crea diálogo en torno a la enfermedad y se transmite información.
¿Está de moda la coletilla de “consulte a su farmacéutico”?
Es más que nada para los medicamentos que no requieren receta y son de indicación farmacéutica para síntomas menores: antigripales, analgésicos, vitaminas, laxantes... El farmacéutico no lo prescribe, lo indica tomando las debidas precauciones.
¿A ustedes cómo les gustaría verse?
Somos un colectivo inmerso en un cambio. Nuestra imagen quizá está desdibujada, y nos gustaría que se entendiera que después del diagnóstico y de la prescripción del médico, entramos en una fase que es la dispensación por parte del farmacéutico y la interrelación que se establece entre el medicamento y el paciente. La OMS dijo que muy pronto el 50% de los enfermos serán crónicos, y que el 50% de ellos van a abandonar sus tratamientos por cansancio o por no encontrar un profesional sanitario que les apoye para continuarlo. Después de la prescripción, el farmacéutico debe atrabajar con el paciente y con el médico para que tome el medicamento que necesita y no lo deje.
¿Eso es toda una reivindicación de mayor protagonismo como agentes de salud?
Necesitamos una regulación en atención farmacéutica. Hay una industria farmacéutica que no quiere un nuevo punto de información y decisión sobre el medicamente, y hace falta más contacto y mas intercambio de información entre médicos, farmacéuticos, veterinarios...Ese contacto existe todavía en algunos pueblos pero se ha perdido en las grandes ciudades. La receta electrónica, y la tecnología que la sustenta, pueden ayudar a recuperarlo. Hay que restablecer ese canal, y en Valencia tenemos la ventaja de contar con Unión Sanitaria, una asociación donde estamos los colegios de enfermeros, médicos, farmacéuticos, veterinarios, y ahora se han unido también los de podólogos, ópticos, fisioterapeutas y psicólogos clínicos
¿El Colegio de Valencia presta una atención especial a la formación y la información?
Los profesionales de la sanidad necesitamos información profesional e imparcial porque tienes que estar permanentemente revisando tus conocimientos. El farmacéutico aporta al sistema público de salud un gran conocimiento de la población al ser un profesional muy estable, muy bien implantado en su zona de actuación. Conoce bien a los pacientes, que en general tienen un farmacéutico de referencia.
¿Por qué un guía de las enfermedades crónicas y sus asociaciones?
“Crónicas”, la guía que ha publicado el Colegio de Farmacéuticos de Valencia es fruto de la convicción de que la información a veces también es un medicamento. El no saber donde puede uno acudir cuando tiene un problema de salud puede ser una dificultad grave. Un millón doscientos mil ciudadanos firmaron a favor de nuestro modelo de farmacia, y eso nos dio mucho que pensar. A partir de ahí empezó una colaboración para difundir la problemática de determinadas enfermedades y contribuir a que la gente cambie su modo de pensar frente a los enfermos. Hicimos una comisión de trabajo entre los farmacéuticos y las distintas asociaciones para ver qué carencias existen en torno a esa enfermedad, organizamos cursos de formación específica sobre cada una de las enfermedades en colaboración con las asociaciones. Vimos que había una carencia de información, y por eso este catálogo con el que el farmacéutico puede refrescar sus conocimientos o adquirir otros para poder asesorar a las personas que la padecen y para que la gente sepa todos los recursos que tiene a su disposición. Haber editados este libro es una gran satisfacción. Pretendemos que las personas que padecen enfermedades crónicas encuentren cada vez más ayuda en las farmacias.
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